Lanús resurge con alma y corazón: está en la final de la Copa Sudamericana
Lanús volvió a demostrar que su historia se escribe con carácter, pasión y fútbol. En una noche cargada de emoción y mística en La Fortaleza, el “Granate” venció 1-0 a Universidad de Chile y se clasificó a la final de la Copa Sudamericana, donde enfrentará al Atlético Mineiro de Jorge Sampaoli.
El partido tuvo todos los condimentos: tensión, entrega y una pincelada de talento que recordó lo mejor del fútbol argentino. Marcelino Moreno, el mago del mediocampo, fue el autor de una jugada que quedará para el recuerdo. A los 17 minutos del complemento, arrancó desde mitad de cancha, superó rivales con elegancia y precisión, y asistió a Rodrigo “Titán” Castillo, quien definió con frialdad para marcar el gol de la clasificación. Un homenaje perfecto en el día en que Diego Maradona habría cumplido 65 años.
El ambiente fue intenso desde el inicio. El público de Lanús encendió el estadio con cánticos, bengalas y la ilusión de volver a vivir una final internacional. Del otro lado, la visita chilena llegaba condicionada por los incidentes que protagonizó semanas atrás, y la tensión se hizo sentir en cada sector del estadio. Sin embargo, el equipo de Mauricio Pellegrino mantuvo la cabeza fría y el corazón caliente.
El técnico, que asumió en diciembre de 2024 entre dudas, ha construido un Lanús sólido, tácticamente equilibrado y con un grupo que cree en su idea. Su estilo sobrio, sin estridencias ni gestos exagerados, encontró respuesta en un plantel que pelea cada pelota como si fuera la última. La convicción y la disciplina se transformaron en la clave del éxito.
Lanús ya había dado el golpe en el Maracaná al eliminar a Fluminense, pero esta victoria ante la U de Chile tiene otro sabor. Es la confirmación de que el equipo está listo para competir de igual a igual con cualquiera. En una temporada donde la solidez defensiva y el sacrificio colectivo fueron bandera, el “Granate” encontró también inspiración en la jerarquía de sus figuras: Salvio, Carrera, Moreno y, sobre todo, Castillo, quien se ha convertido en símbolo de esfuerzo y esperanza.
Cuando el árbitro marcó el final, el grito fue unánime: La Fortaleza se transformó en una fiesta. Los hinchas celebraron cada despeje, cada cruce, cada gota de sudor derramada por un equipo que vuelve a poner a Lanús en lo más alto del continente. Doce años después de aquella consagración de 2013, el sueño de una nueva vuelta olímpica está más vivo que nunca.
