Angels desatan tormenta de jonrones y aplastan a Yankees en el Bronx

Los Angeles Angels ofrecieron una exhibición ofensiva demoledora en el Bronx y derrotaron con autoridad 7-1 a los New York Yankees, en un juego que quedó prácticamente sentenciado desde la primera entrada gracias a un festival de cuadrangulares.

El arranque fue simplemente brutal. En la alta del primer inning, Mike Trout encendió la mecha con un jonrón solitario al jardín central, su quinto de la temporada. Apenas unos turnos después, Jo Adell repitió la dosis con otro batazo de vuelta completa, seguido por Jorge Soler, quien también la mandó a volar para completar un inicio de tres cuadrangulares consecutivos que puso el juego 3-0 en cuestión de minutos.

La ofensiva angelina no bajó el ritmo. En la cuarta entrada, Oswald Peraza se sumó a la fiesta con un tablazo por el jardín izquierdo, ampliando la ventaja a 4-0 y dejando sin respuesta al pitcheo neoyorquino.

Mientras tanto, desde la lomita, Reid Detmers firmó una actuación sólida y dominante. El zurdo trabajó siete entradas, permitió apenas cuatro hits y una carrera, además de recetar nueve ponches, neutralizando por completo a una alineación de los Yankees que nunca logró meterse en el juego.

El golpe definitivo llegó en la sexta entrada, cuando Yoán Moncada conectó un sencillo productor de dos carreras, llevando la pizarra a 6-0. Pero el propio Moncada no se conformó y en la octava volvió a hacerse presente con un jonrón por el jardín derecho, coronando una noche de tres impulsadas.

Los Yankees apenas pudieron evitar la blanqueada en la parte baja del octavo inning gracias a un elevado de sacrificio de Ben Rice, que permitió anotar a Randal Grichuk para el 7-1 definitivo.

Con este resultado, los Angels (9-9) emparejan su marca y mandan un mensaje claro con su poder ofensivo, acumulando 12 imparables y cinco cuadrangulares en la noche.

El protagonista indiscutible fue Yoán Moncada, quien lideró la producción con tres carreras impulsadas, seguido por un encendido Mike Trout, que volvió a marcar el ritmo desde el primer inning en una noche donde el bateo angelino simplemente fue imparable.